Pero el espíritu carioca is not dead!! Jajaj!
Así que volviendo al tema, había quedado en que me iba al muelle, con llovizna, para tomar el ferry que me lleve a Angra dos Reis, para tomar un micro a Rio de Janeiro, para tomar un micro a Buzios.
Me subo al ferry, me siento tranquila para disfrutar el viaje, y me pongo a pensar mientras escucho música (pocas fueron las veces que usé el reproductor de mp3 en el país vecino) y me pongo a ver las fotos en la cámara. Entonces me di cuenta de que quería volver a Rio. Allá me habían quedado amigos y muchas cosas para hacer, es una ciudad demasiado inmensa como para dedicarle solo cuatro días. Merece, como mínimo cuatro días más. Ya fue, no voy a Buzios, me quedo en Rio (decidí)
Terminó el viaje en barco, entre tanto saqué algunas fotos y me bajé. El puerto de Angra estaba llenísimo de gente, parecíamos inmigrantes bajando de los barcos. Estaba bajando y en eso un tipo me agarra del brazo y me arrastra como dos metros (a mi, con mochila y morral incluídos) pero por alguna razón, no grité (cosa extraña no? Un tipo que no conocés te agarra de un brazo y te arrastra, al punto de que casi perdés una ojota y no gritás… hay que ser estúpida…) la cosa es que el viejo me sacó del tumulto de gente para preguntarme a donde iba, y como hablaba en portugués no le entendí nada, además mi cara de susto era tremenda, miré para todos lados, y estaba a punto de gritar, entonces el tipo me señala un auto con 3 turistas arriba, y me dice ‘viaje a rio’. Y bueno, como que ahí entendí que no me quería secuestrar, sino que era un taxista que hacía viajes a Rio, pero que susto que me había agarrado… le pregunto el precio y me tira $R45. y yo ehhh??? El micro sale $32, chau, me voy a la Terminal. Y lo dejé hablando solo como un loco.
Bueno, que se puede contar además de que subí al micro, me tocó en un asiento sola, por suerte, y esperé que arrancara. Arrancó así que saque Bestiario para leer un poco, pero me empezó a agarrar sueño, así que lo dejé a un costado, apoyé la cabeza en la mochila y me puse a dormir un rato. Cuando me desperté ya estábamos por entrar a Rio, así que no valía la pena volver a dormirme, me quedé despierta como para no bajar con una tremenda cara. Llegamos a la Rodoviaria, me bajo lo mas campante del micro y me tomo un colectivo (ya me había aprendido el número, era el 126) para volver al hostel. Lamentablemente al rato de llegar al hostel me encontré con que me había dejado Bestiario de Jules arriba del cole, la verdad que fue deprimente.
Pero bueno, llegué al hostel, fui muy bien recibida, hice el check in nuevamente, fui bienvenida, reacomodé mi equipaje (esta vez la habitación tenía lockers) me bañé, bla bla bla y me fui a la playa.
Como para resumir los días que siguieron (porque creo que ya escribí demasiado en las entradas anteriores) puedo decir que seguí conociendo gente de lo más buena onda, fui mucho a la playa, fui a caminar por URCA, a la Catedral Metropolitana (el cono más extraño que vi en mi vida, el arquitecto que diseñó esa catedral estaba bajo el efecto de alucinógenos, y el funcionario brasilero que aprobó el pliego también). Fui al Museo Histórico Nacional (para enterarme de inmundicias tales como por ejemplo que, en no me acuerdo qué tribu amazónica, cuando una persona moría, se la comían como demostración de afecto). Fui al museo Nacional de Bellas Artes (la verdad que está mucho mejor el de Buenos Aires, pero igual me gustó mucho). Me metí en algo así como los indios ranqueles para llegar al Museo de Imagen y Sonido, y cuando finalmente lo encontré me llevé un chasco porque estuvo malísimo (lo único que tenía era una guitarra y un saxo). Quise ir al planetario, pero al final desistí porque había que ir de noche y dicen que Gávea sin luz es peligroso (si, ese día que recorrí todos los museos fue cuando se me escapó lo nerd, no pude con mi genio y me fui de tour histórico/cultural mientras mucha gente se asaba en la playa con 32° C… pero qué puedo hacer si soy asi?)
Nuevamente, fui mucho a la playa, a un surf contest, a Lapa a la noche, volvimos a hacer fiestas en el hostel, fui al Pan de Azúcar de noche y tuve unas vistas impresionantes de Rio de noche (volví a asombrarme de lo inmensa que es esa ciudad)
¿Qué mas? Fuimos a las ferias de Uruguaiana y a la de Copacabana para comprar regalitos para parientes/amigos/novios/as etcéteras.






Y no sé, pareciera como que ya me estoy olvidando de las cosas, o del orden en que hicimos todo, por ahí me cuesta acordarme si primero fuimos a Copacabana y después al surf contest en Arpoador, o si antes no habíamos ido a la Catedral, pero no porque yo estaba con las havaianas viejas … y si, así divaga mi mente.
Lo importante es que hay momentos que no los olvido. Chistes, risas, sensaciones, olores, y todas esas cosas bonitas que quedan en la memoria después de un viaje. Eso si que no se va más, así que no me importa si me acuerdo o no el día que fui al Pan de Azúcar. La próxima capaz que día a día voy haciendo un diario de viaje como para no olvidar todo.
Así que el día antes del regreso fui de vuelta a la Rodoviaria para sacar el pasaje de vuelta. Cuando llegué al hostel organizamos una buena joda con Caipirinhas, etc, y a la mañana siguiente desayuné, me di una ducha, desocupé la habitación e hice el check out.
Como eran las 11 am y yo tenía que estar en la Rodoviaria a las 4 pm, pedí que me cuidaran la mochila en el hostel así aprovechaba para ir un ratito a la playa y darle la despedida al mar. El día estaba nublado y todos estaban durmiendo por la resaca, así que me fui sola. Estaba lo más pancha sentada en la arena mirando el mar cuando de repente se me acerca un nene de unos 5 años, me pide plata, le digo que no tengo, y me empieza a hablar, cada vez más de cerca, hasta que estira el brazo para sacar lo que había en mi bolsillo (el celular) pero le pegué una especie de sopapo en el brazo (?) y le di un grito, y aparentemente se fue asustado, y mi celular siguió a salvo (sonará cómico que me haya querido asaltar un nene de 5 años, pero esos chiquitos de las favellas andan armados, no hay que confiarse)
Luego del fallido intento de robo fui para Ipanema, porque ahí había más gente. Tomé mi último coco, descansé, volví al hostel a retirar la mochila y a despedirme de los resacones que no se pudieron levantar por la nochecita anterior, y nada más.
Me despedí de todos, tomé el colectivo a la Terminal, le di la última mirada a esa parte de la ciudad, me subí al micro y me largué a llorar (como siempre que tengo que volver de un viaje)
La vuelta fue más o menos como la ida, solo que sin gripe por suerte. Incluso algunas de las películas que pasaron fueron repetidas. Lástima que no tenía Bestiario. Llegué a Buenos Aires a las 8.30 am, así que me fui a las ventanillas que van a la costa y me tomé el primer micro que salio a Mar del Plata, esta vez me fui de la gran ciudad sin visitar amigos, lo único que quería era llegar a mi casa.
Y nada, el resto es fácil de imaginar, me recibieron mis seres queridos, al otro día empecé a trabajar, y ahora acá estoy, sentada en la compu, recordando con alegría los hermosos momentos que viví en la bien llamada Ciudad Maravillosa.
Ojalá algún día tenga la posibilidad de volver a esa ciudad de la que me quedé enamorada.
Y ahora, a seguir viajando!

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