viernes, 15 de agosto de 2008

Brasil 2008

Un día salgo de la facultad, luego de rendir el último examen del cuatrimestre, y al pasar por una agencia de turismo se me ocurre cambiar mi viaje de compras a Buenos Aires por una semanita en Camboriú. Cosa va, cosa viene, ese viaje se terminó convirtiendo en 14 días en Río de Janeiro, Ilha Grande y Buzios.

Los días previos fueron caóticos con los preparativos de último momento: conseguir la plata, reservar los hostels, planear el itinerario, averiguar como llegar de un lugar a otro, las compras… fue todo un lío, muchísima presión.

Finalmente llegó el domingo 27. Me levanto temprano a la mañana, a las 7.30, me despido de mis hermanos que estaban dormidos, y mi papá me lleva a la Terminal.
El viaje a Buenos Aires fue de lo más tranquilo, nada del otro mundo, una película muy mentirosa estilo Crónicas de Narnia, de la que ni siquiera recuerdo el título, aunque lo que hice básicamente fue dormir.

Llegué a Retiro como a las 2 de la tarde y me pasó a buscar Loli, tomamos un cole y fuimos a su casa a comer. Estuvimos ahí jodiendo y charlando como siempre, muy pero muy lindo, a eso de las 6 de la tarde pasa mi tío por su casa para darme los Reales, y afortunadamente me encuentro con que pudo comprarme $R1350 en vez de $R1280, así que el viaje empieza con $R70 extra, cosa que está muy buena.

De todas formas, me empiezan a agarrar unos nervios terribles, todo el mundo me psicopatea con que Rio es la cuidad más peligrosa del mundo, me van a robar, me pueden violar en cualquier esquina, cualquier cosa puede pasar. Con Lola buscamos un escondite para la plata durante el viaje, cosa de que no me roben cuando bajo del micro. Medimos los billetes y nos damos cuenta de que encajan perfectamente en mis zapatillas, así que los dividimos en dos montoncitos y los ponemos en bolsitas, y una debajo de la plantilla de cada zapa, muy buena idea.

Se hacen las 7 de la tarde y el micro sale a las 20.15, así que tomamos el subte para Retiro, que como de costumbre estaba inmundamente lleno. El subte en Buenos Aires me genera una especie de amor y odio, por un lado me encanta la idea de llegar rápido y hacer mil combinaciones pagando una sola vez, pero por el otro me da asco que esté tan sucio y lleno de gente y chorros. En la segunda estación sentimos gritos y policía corriendo. Lo primero que se me cruza por la cabeza es que alguien se suicidó, y me sale el morbo y me dan ganas de salir corriendo a ver (pero la mochila pesa, así que me quedo donde estoy) Unos segundos más tarde me doy cuenta de que fue solo un intento de robo, así que le subte sigue, afortunadamente, porque se hace bastante tarde. Salimos del subte y empezamos a caminar a toda velocidad, casi llegando a la plataforma 59 Loli se da cuenta de que tengo el bolsillo de la mochila abierto. Maldita sea, todavía no salí de Buenos Aires y ya me roban. De ese bolsillo me habían sacado un estuche con cd´s que contenían más de 60 gb de música bien bien difícil de conseguir, música que me pasé dos años bajando, y de la cual no tengo back up. Desespero, siento que me empieza a faltar el aire, pero algo dentro mío me dice que me tengo que calmar porque sino va a ser peor. Caminamos algunas plataformas más y me encuentro con mi mamá y Agus, que hacía como dos días que no los veía porque estaban en Buenos Aires.

Esperamos, esperamos y esperamos hasta que se anuncia la salida del micro con destino a Rio de Janeiro, me pongo la mochila y voy para la plataforma, pero me dicen que tengo que dar toda la vuelta para hacer el embarque internacional, así que corro porque se hace tarde, y me despido de Loli, mi mamá y Agus porque solo pueden pasar los pasajeros. Me pasan el equipaje por una cinta, paso por el detector de metales, me miran el pasaporte de arriba abajo, y me subo al micro. El micro a simple vista parece bueno, pero no tanto, la tele está a buena distancia, pero los asientos no parecen tan cómodos como creía. Finalmente arranca, me pongo cada vez más nerviosa, pero tengo que respirar ondo y calmarme porque sino no sirve de nada.

El viaje comienza a convertirse cada vez más en una pesadilla, me agarran unos ataques espantosos de tos, creo que es por nervios así que hago esfuerzos inconmensurados por tranquilizarme.
El micro para a cada rato en varias estaciones, y todavía ni siquiera salimos de Buenos Aires, es evidente que comienza la tortura. A medida que avanza la noche me empiezo a sentir cada vez peor, ya no tengo tos solamente, sino que también estoy congestionada y me duele bastante la cabeza, así que empiezo a tomar ibuprofeno para frenar cualquier enfermedad que este en puerta.
La comida durante el viaje es inmunda, nunca hay nada que me guste, lo único bueno son las bebidas, porque incluyen cerveza, pero no me gusta tomar cerveza durante una comida, así que me da igual. Pasan las horas y mi estado gripal no hace más que agravarse, me siento cada vez peor, me duele todo el cuerpo, empiezo a sentirme afiebrada y la cabeza me estalla, tengo la nariz tan tapada que tengo que respirar por la boca, pero me cuesta porque tengo tos.

Finalmente llegamos a la frontera con Brasil, pasamos todos los argentinos y extranjeros por la aduana, podría haber pasado 58 kilos de heroína y 3 higados para vender en el mercado negro y nadie lo habría notado. Subimos al micro y chan! Está roto, no arranca, supongo que habrá sido alguna correa o algo así, esas cosas siempre le pasan a los micros de larga distancia, así que estamos varados en la frontera durante una hora y media con un calor que raja la tierra. De mientras para pasar el rato nos ponen una película de Richard Gere, setentona, sobre Howard Hughs, bastante buena.

Arranca el micro de vuelta y emprendemos viaje nuevamente, sigo sintiéndome mal, la empresa deja de darnos comida ya, tenemos que comprarla nosotros mismos, y cada vez que paramos lo único que se vende son bollos fritos (que después me entero de que se llaman ‘bolinhos’) y cosas colmadas de de grasa, y yo no me siento bien, necesito algo más Light. Veo un par de películas buenas, escucho algo de música, no puedo leer nada porque me muero del dolor de cabeza. Pasamos por Sao Paulo pero estoy dormida, así que no veo nada de la ciudad. En una de las paradas llamo a casa y hablo con mi hermana, también llamo al hostel para avisar que voy a llegar más tarde. La llamada de larga distancia que duró menos de un minuto me costó mas de $R3, así que decido comunicarme únicamente vía e-mail, porque es una fortuna.

Cuatro horas más tarde, finalmente llegamos a Rio de Janeiro. Estoy enferma, con fiebre, cansada, muerta de calor con zapatillas, jean y medias, y necesito una ducha urgente. La Rodoviaria Novo Rio es más espantosa que Retiro, los pocos acercamientos que tuve con el portugués fueron totalmente nulos, no entendí nada, me da terror que me roben, así que decido tomar un taxi hasta el hostel en lugar del colectivo de línea. Me cobran $R 40 y me parece barato, pero días más tarde me entero que el precio sugerido para esa distancia es de $R 23, así que me robaron.
La primera impresión de Rio no fue la mejor, aunque me gustó mucho la Lagoa Freitas, y a lo lejos vi un brazo del Cristo Redentor.
Llego al hostel, pinta bastante bueno desde el principio, me di una buena ducha, no aguantaba más, me tiré un ratito a descansar porque no daba más de fiebre. A pesar del descanso seguía sintiéndome mal, así que bajé y le dije a una de las recepcionistas –Tathiana- que me sentía muy mal y necesitaba ver a un médico. Me dijo que no se puede ir a los hospitales públicos porque no atienden emergencias ni turistas, y que una consulta en una clínica me iba a costar $R230, llamó a su mamá para preguntarle si conocía algún lugar donde me pudiera atender, y le pasó el dato de uno que cobraba $R300, así que nada, malísimo. Fui a la farmacia de la esquina y me compré dos antigripales de dudosa procedencia, vick, y una botella de agua mineral, y listo, me fui a la cama. Me pasé toda la noche (mi primer noche en Rio) con el inhalador de mentol, el vick para el pecho y las pastillas, se me iba a pasar o pasar. Como a las 3 am empecé a sentir nauseas porque hacía más de un día que no comía nada.
De alguna manera logré pasar la noche, me desperté a las 8 am, faltaba media hora para que sirvieran el desayuno, así que revisé el correo, desayuné y me fui a la playa.

Llegué y no lo podía creer: la famosa Copacabana. Estuve ahí embobada un ratazo larguísimo hasta que me cansé de estar larveando tanto tiempo y me fui caminando hasta donde termina la playa (como 4 km por la arena). Llegué al final entonces emprendí la vuelta. Caminé, caminé, caminé y ooooops… no sabía como llegar al hostel. No había prestado atención a la altura de las calles. Ouch! Estoy perdida en Rio. Si, ya se, son las 2 pm, no pasa nada, pero igual, no me gusta estar perdida. Decidí tomar un taxi que me lleve hasta el hostel. Me subí y le dije: Lacorte 426… y el tachero: dónde? A esa calle no la conozco! Es en Copacabana? Y yo: sí, es en Copacabana! Y él: hace 30 años que soy taxista, y sin embargo no la conozco (toda esta conversación fue en portugués, y yo en español, intentando comprender lo que me decían) Maldito tachero , te odio!! (ok, no se lo dije, pero me morí de ganas)
Me bajé sin pagar la bajada de bandera ($R5) y empecé a caminar sin rumbo, preguntando en los puestos de diarios si alguien conocía la calle Lacorte, hasta que un diariero me dijo por donde tenía que ir, y finalmente lo encontré. Almorcé rápido y me fui a la playa otra vez.

Estaba sacando unas lindas fotos de un brasilero musculoso en zunga cuando alguien me interrumpe: tu eres la chava del hostel? (si, yo soy la chava del hostel y vos sos más mexicano que el Profesor Jirafales… no, no le contesté así) Si, estoy en un hostel acá a dos cuadras. Hola que tal, mi nombre es Rodolfo. Daniela… y se me pegó un mexicano.

Me llevó a caminar por Ipanema, ahí vimos el atardecer, saqué unas lindas fotos, me explicó la distribución de las tres playas principales, después me llevó a pasear por el barrio de Ipanema (es muy hermoso, tiene un aire a Recoleta, pero lleno de árboles) y pasamos por el bar donde Vinicius de Morais compuso la famosísima ‘ A garota de Ipanema’. Fuimos a la lagoa, tuve una buena panorámica de Rio de noche, aunque no pude sacar fotos porque me había quedado sin pilas.











Para estas alturas ya me sentía bastante mejor de salud y le había perdido el miedo a la ciudad maravillosa (bueno, en realidad nunca le perdí el miedo del todo, había muchos lugares a los que no iba, y otros en los que no sacaba la cámara ni loca) De vuelta al hostel compré algo de comida y mientras cenamos hicimos todo el itinerario para los dos días que me quedaban en Rio. El plan era el siguiente:

Día 1: nos levantamos temprano y vamos a ver el amanecer a Copacabana, volvemos a desayunar y nos vamos a Ipanema, al famosísimo ‘punto 9’, a eso de las 3 de la tarde emprendemos la retirada para tomar un colectivo hasta el Jardín Botánico, y así de paso conocer el barrio de Leblón, aunque sea desde el colectivo, que es aun más bonito que Ipanema. A la noche joda en el hostel.

Día 2: también nos levantamos temprano y vamos a la playa, esta vez a una playa más alejada, porque le dejo bien en claro que odio las multitudes, a eso de las 3 levantamos campamento y nos vamos para el barrio de Santa Teresa (una cruza extraña de Caminito con San Telmo y Palermo Soho) ahí tenemos para ver los Arcos de Lapa, la Escalera de Selarón, algunas tiendas de souvenirs tipicos, ver el atardecer desde un morro donde se pueden sacar buenas fotos, cenar en algún recoveco del lugar, para terminar en Lapa (equivalente a Alem en Mar del Plata) La vida nocturna en Rio es Lapa los viernes a la noche, ahí es donde pasa todo. Y venden cerveza a $R1.

Bastante conforme con el itinerario me quedo hasta las 4 de la madrugada hablando con unos ingleses súper buena onda, hasta que me voy a dormir porque todavía no estaba del todo recuperada de mi gripe.

A la mañana siguiente ya arrancamos mal, me despierto temprano, pero no lo suficiente como para ir a ver el amanecer, así que ni vale la pena despertar al mex-boy, mejor lo dejo dormir un rato más. Se despierta al rato, desayunamos y listo, a la playa. Cuando llegamos al famoso punto 9, grande fue mi sorpresa. El equivalente en Mar del Plata podría ser Playa Grande, una persona al lado de la otra, todos pegados, música a todo volumen propia de la playa, en un rincón, a lo lejos, en el comienzo de la playa los surfers, como excluidos. Todo el mundo es súper fashion, es la ‘playa joven’ de la clase media alta brasilera, es decir, cientos de nenes de mamá que van a la playa a fumar marihuana comprada con la plata que les da papi. No me gustó la onda de la playa, sin embargo, por cortesía, no dije nada.

Decidí alquilar una sombrilla ($R 3, pero Rodolfo la regateó por $R2) porque el cielo estaba totalmente despejado y eran las 9.30 y estaban haciendo 31°C, así que mejor cuidarme del sol para no terminar, además de engripada, con insolación… el día de playa no fue de los mejores, pero tampoco estuvo mal, se hicieron las 3 pm y nos fuimos, Anduvimos un ratito en colectivo hasta que llegamos al Jardín Botánico, pagamos la entrada (no hay descuento para estudiantes en ningún lado, hay que pagar la entrada entera… malísimo) empezamos a seguir la senda sugerida y nos encontramos, primero, con unas 700 especies distintas de cactus (parecía el desierto) seguimos un poco más y nos cruzamos varias cascadas, pasamos por la casa imperial,

después por la sección de plantas carnívoras (parecen inofensivas pero no lo son) después el camino de palmeras imperiales (miden más de 50 metros de alto), el jardín japonés y el rosedal (los de Buenos Aires son muchísimo mejores, no entiendo como esta gente pretende que crezcan las rosas en ese calor) y por último llegamos a la parte más linda, ahí me pasé como una hora sacando fotos en primer plano de unas 300 especies distintas de orquídeas (esas flores si que son bonitas)

Ya entrada la noche, el lugar estaba cerrando, así que tomamos un colectivo para volver al hostel, no sin antes pasar por el supermercado para comprar municiones (sandia, porque me pasé todo el viaje comiendo sandia, cerveza, y alguna cosita para cenar)


Llegada al hostel me empecé a sentir cada vez más feliz. Hay algo muy atrapante de los hostels, o por lo menos a mi me atrapa, y es conocer gente de distintos países, hablar en otros idiomas (las charlas terminan convirtiéndose en caos totales en los que hablamos en inglés pero un brasilero no entiende, así que se lo traduzco en español, capaz que le resulte más fácil entenderme en español, pero hay algunas palabras que no las comprende y no puede deducirlas por contexto, así que un austríaco intenta explicarle en francés, porque el portugués y el francés son bastante parecidos… pero no hay caso, así que recurrimos al lenguaje de las señas y ahí sí que nos entendimos todos. Se hace cada vez más tarde, pasa la cena, pasan las cervezas y las charlas cada vez se ponen más interesantes, por algún motivo termino hablando con una chica a la que nadie me había presentado y me cuenta que está viajando por el mundo desde hace un año, así que me pasa todos los tips para poder imitar su experiencia. La atmósfera es extraordinaria, la cerveza empieza a hacer efecto en mi cuerpo así que voy al baño, y cuando vuelvo me detengo unos minutos para observar el paisaje: 8 personas hablando en distintos idiomas, contando experiencias del viaje que vienen haciendo, confesando secretos a desconocidos que en menos de una noche se convirtieron en grandes amigos, compartiendo comida, alcohol y cigarrillos con las personas que se quedaron sin provisiones, planificando la noche siguiente en Lapa.

Todo es perfecto, así que respiro ondo y me reincorporo a la conversación, esta vez sobre el precio del petróleo en Europa y USA, todos quejándose de lo caro que está, entonces un brasilero explica que Brasil esta totalmente minado de petróleo, tal vez más que Medio Oriente, a lo que Nick (NYC) responde: wach out man, dont´t say that at loud, my president might attack Brazil. Risas por todos lados.

Se hacen las 4 de la mañana así que busco a Rodolfo para decirle que quiero modificar los planes para el día 2. En lugar de ir a la playa (ya tendré bastante playa en Ilha Grande y Buzios) quiero aprovechar para ir al Corcovado, pero después del mediodía vuelvo así vamos a Santa Teresa y a la noche a Lapa. Aunque quiera disimularlo es evidente que le molesta, pero se muestra entusiasmado, y me pide que por favor lo busque al regresar del Cristo Redentor.

Me voy a dormir, unas horas después me levanto y le pido a otra de las recepcionistas, Bárbara, que me contrate la excursión al Cristo. Llama a Osma (el taxista) y queda todo arreglado, en diez minutos me pasan a buscar, así que a vestirse rápido. Existen dos maneras de ir al Corcovado (morro en el que esta la estatua del Cristo), se puede hacer en tren ($R38) o en taxi ($R40) a mi me pareció mucho más conveniente la opción del taxi, porque arriba de los medios de transporte público se pierde demasiado tiempo, y el costo era prácticamente el mismo. Llega el tachero, se presenta y me dice (en portugués, porque no hablaba una sola palabra en inglés) que tenemos que pasar a buscar a dos chicas australianas que se estaban hospedando en un hostel en Ipanema, así que vamos por ellas y resultó ser que se habían sumado dos irlandesas más, así que pasamos a ser cinco. Todas arriba del taxi, nos lleva a recorrer (en el auto) Leblón, la Lagoa, URCA y Botafogo, frena en una esquina y le compra un racimo de bananas a un vendedor ambulante (para alimentar a los monos que hay en el camino al Cristo).

Nos adentramos en el camino y empezamos a subir el morro en taxi, Osma no para de hablar en portugués, cosa que no tiene sentido porque la única que medianamente le entiende soy yo, las australianas e irlandesas no entienden ni J. Nos hace parar cada cinco minutos en todos los miradores para que saquemos panorámicas, nos explica donde esta el cementerio, el jockey, el Maracaná, el estadio del Fulminense, nos muestra que playas se ven desde los distintos paradores, el Pan de Azúcar, cada tanto se pone a silbar para ver si aparece algún mono, pero parece que ese día los monitos no tienen ganas de trabajar (lástima, me hubiese encantado sacarme una foto con un bicho de esos). Seguimos subiendo hasta que llegamos a la base, donde entre otras cosas, hay un hotel abandonado que están por refaccionar, en el cual concentraba la selección de fútbol brasilera durante los sesentas y setentas. Pagamos la entrada al Parque Nacional de Tijuca ($R13 – nuevamente, sin descuento para estudiantes) y subimos las escaleritas hasta el famoso Cristo del que todo el mundo habla.














Estuvimos ahí un rato hasta que bajamos para emprender el viaje de regreso junto al molesto de Osma, que no paraba de hablar ni un solo instante (Osma tenía un aire a Ricky Maravilla ahora que pienso… capaz que por eso me causaba tanta gracia)

Estando a punto de subir al taxi Osma se acerca para hacerme el siguiente comentario en portugués, pero que por un motivo que desconozco, comprendí como si estuviera hablando perfecto español: ‘mirá, ojo, yo a vos te cobro $R40 porque sos argentina, pero a ellas que son gringas les cobro $R50, así que no vayas a decir nada’ (y después todo el mundo dice que los argentinos son chantas). No pude evitar reírme bastante, y sentir pena por las pobres chicas que me habían caído súper macanudas, pero no podía hacer nada (podría haberles advertido en inglés que Osma las estaba estafando, jamás lo hubiese notado, pero no sé por qué en ese momento no se me ocurrió). Ya subidas al taxi Osma ‘el estafador’ nos ofrece, por la módica suma de $R5 más cada una, llevarnos a una recorrida por Santa Teresa. A Santa Teresa iba a ir a la tarde con Rodolfo, pero como mis compañeras de excursión estaban entusiasmadas, no quise ser la única que diga que no y accedí (en el peor de los casos, pasear por Santa Teresa dos veces no es la muerte de nadie)














El barrio es muy bonito. Las casas son de estilo imperial y están pintadas de colores fuertes, así que llaman mucho la atención. Durante los setentas este barrio fue el refugio de muchos artistas, bohemios y pensadores de la época, pero para finales de la década comenzaron a aflorar favelas en los alrededores, así que la mayoría de los propietarios decidieron vender y se desvalorizó mucho. Durante los ochentas y noventas se fueron instalando cada vez más favelas, convirtiéndose en un barrio de alto riesgo, hasta que hace unos años se construyo una delegación de la policía para poner más seguridad. Se empezó a revalorizar bastante la tierra nuevamente y se lo convirtió en un circuito turístico. Hay varios restaurantes, tienditas de souveniers, muy buenas vistas, un trencito eléctrico pintado de simpático amarillo recorre las calles, algunos castillos imperiales muy paquetes, y mucha favela. Pasamos por los venditos arcos de Lapa de los que todo el mundo habla, sacamos miles de fotos, como buenas turistas.

Fuimos a conocer la escalera de Selarón, un viejo loco, chileno, que a los 17 años decidió salir a recorrer el mundo en busca de otras culturas, vagó durante dos décadas por USA y Europa hasta que llego a Rio de Janeiro y se quedó. De profesión artista, talentoso pintor, un día decidió hacer la escalera más original del mundo, recorriendo montones de países para conseguir extrañas cerámicas que le permitieran decorar la escalera que conduce a su casa (escalera que todos los días limpia y barre personalmente, y en la que se pasa horas y horas pintando cuadros que vende para comprar mas cerámicas).Le hicieron entrevistas para varias revistas conocidas, salió en un video de U2 y en varias series de televisión yankies.

Con ese viejo loco me entretuve un buen rato charlando (creo que se copó hablando conmigo porque compartimos el idioma) y cuando me iba me dio un sabio consejo: ''hay que viajar, salir, recorrer y conocer, hasta encontrar un lugar donde quedarse, como hice yo cuando llegué a Rio''. Entrañable personaje de la Ciudad Maravillosa. Ese tipo de personas de las que una no se olvidará jamás.

Osma me interrumpe la charla para subir al taxi porque a las chicas se les hace tarde para ir al tour a la Rocían, así que se nos terminó la joda. De vuelta al hostel.

Entro y empiezo a buscar a Rodolfo. Alguien vio a Rodolfo? Quién? El chico mexicano. No, yo no lo vi. Bárbara lo viste a Rodolfo? No, salió hoy a la mañana pero no volvió a almorzar. .

Ok, creo que Rodolfo me dejó súper plantada. Ya fue, alguien quiere ir a pasear por Leblon? Yo todavía no fui. Bueno vamos. Bueno, esperá que voy a buscar a un amigo que está durmiendo así viene con nosotros. Bueno dale. Vos querés venir a pasear por Leblon? Ah bueno, vamos. Listo, ya se formó un grupo, hay equipo, nos vamos a pasear.

Estamos todos listos en la vereda y nos aventuramos en dirección sur. Llegamos al renombrado Leblon, barrio hermoso como pocos, con edificios súper paquetes en los que vive gente de mucha plata jejeje! Shoppings por todos lados, Buenos Aires es un porotito chiquitín al lado de Rio. Así que la tarde se convirtió en una tarde súper tranquila, de shopping, sin comprar nada porque a nadie le interesa comprar un jean Emporio Armani, mejor guardar la plata para otras cosas, tomamos helados, comimos bastante açai, probé el jugo de maracuyá (y sin azúcar, porque yo soy valiente) Seguimos andando y vagueando por ahí, nos quedamos sentados un rato largo en una plaza porque las havaianas nuevas me estaban haciendo doler los pies, y a eso de las 7, ya siendo de noche, volvimos al hostel para prepararnos para salir de joda, destino: Lapa.

Llegamos y recién ahí apareció Rodolfo. Era obvio que estaba enojado porque lo había dejado plantado, así que decidió dejarme plantada a mi también, pero ya fue, en algún momento se le pasará. Cenamos todos juntos, nos bañamos (cada cual por su cuenta) y nos quedamos un rato escuchando música y viendo tele hasta que se haga la hora de salir (tipo 11, allá se sale más temprano) al rato aparece un personaje que hasta ahora no había visto jamás (probablemente porque se pasaba veinte horas al día en la playa surfeando). Se llama James, es australiano y toca la guitarra, bien, al fin alguien que le da uso a la guitarra del hostel, era hora! Nos deleita un rato con Zeppelín, si fuera por mi me hubiese quedado toda la noche escuchando, pero como hay que seguir a la mayoría, nos vamos todos a Lapa.

Para decir la verdad, pero la verdad en serio, la verdad de la milanesa, no estuvo tan bueno. Es decir, está bueno estar con gente buena onda en bares donde la cerveza cuesta $R1, de eso no me quejo, pero no me gusta la música brasilera, ni me gusta bailar, así que un poquito aturde. No me gusta tampoco que la calle donde están todos los boliches esté totalmente rodeada por favelas, así que si salís de un bar para entrar a otro tenés que andar mirando para todos lados porque capaz que a la vuelta de la esquina empieza una villa. Pero bueno, cosas sin importancia, la terminamos pasando súper, no le robaron a nadie, algunos, en su borrachera se animaron a bailar mientras que algunos otros, los malos de siempre, los filmamos para mostrarles a sus amigos jejeje, y a eso de las 6.30, cuando se hizo de día, volvimos, la fiesta continuó un rato en el hostel, pero a las 8.30 decidí ir a bañarme para desayunar y emprender viaje a la Terminal (Rodoviaria Novo Rio), porque esa había sido mi última noche en Rio. Próximos destinos: Ilha Grande y Buzios.

Continuará...

1 comentario:

Anónimo dijo...

cómo que no te gusta el Lilulunga??? si es re tierno, como Liluleta ^^ bue, para la próxima pongo un "Daniela" así re amargo...




Y aparecés también en el blog cuando hacés un comentario del disco que posteo en el fotolog (paso los comentarios siempre y cuando hablen del disco)



Besitos Daniela M.


pd: cuando vaya a Mardel me los tocas todos, si?