Arriba del cole lo primero que veo es a un rubio con una mochilota gigante, así que lo más seguro es que esté en el micro correcto, pero de todas maneras le pregunto si va a la rodoviaria y me dice que sí, así que me quedo más tranquila. En el camino nos ponemos a hablar, se llama Art, es suizo, y está más perdido que yo. Bajamos los dos en la Terminal y me pregunta a dónde voy. A Angra dos Reis, vos? Yo también! Buenísimo, viajamos juntos. Si! Yo después me tomo el ferry a Ilha Grande. En serio? Yo también!!! Jajaja! Ya tenés hostel? Si, reservé en ‘El holandés’… noooo… yo también!!! Bueno… estamos de suerte.
Entramos a la rodoviaria corriendo porque son las 10.40 am y tenemos que estar en Angra a las 13 hs para alcanzar el ultimo ferry, pero se nos dificulta bastante encontrar la ventanilla de la empresa, así que perdemos un micro. De todas formas, jamás hubiésemos llegado a tiempo porque el viaje dura 3 horas. Esperamos una hora más hasta que salga el siguiente micro, luego de tres horas en unos asientos de lo más incómodos llegamos a Angra. Lindo pueblito, aunque bastante más grande de lo que imaginábamos.
Perdimos el ferry, así que tenemos que buscar alguna forma alternativa de llegar a la isla porque sino nos vamos a tener que quedar una noche varados. Pensamos, pensamos y se nos ocurre ir al muelle de los pescadores a preguntar si alguien nos puede llevar (o sea, hacer dedo en barco) logramos encontrar el puerto y por suerte había varias lanchitas privadas que llegaban a la isla (por supuesto que salen el doble que el ferry, pero no tenemos otra opción) esperamos una hora y media hasta que el maldito barco se digne a zarpar y después de navegar durante dos horas llegamos a la isla, ya casi anocheciendo, para estas alturas ya eran como las 7 pm.
Durante el camino vimos una puesta de sol espectacular, es una zona de 360 islas chiquititas, la mayoría compradas por gente de plata (estilo Xuxa) que ahí tienen sus playitas privadas. Sin embargo a lo lejos vemos algo que no está tan bueno. Justo ese es el lugar donde hace poco encontraron yacimientos de petróleo en el lecho marítimo, así que se divisa una plataforma gigante que construyeron para extraer hidrocarburos. Es obvio que en unos años esa zona va a estar toda contaminada. Una pena.
La isla sí que es el paraíso sobre la Tierra, los dos habíamos visto fotos en Internet, es increíble que exista un lugar tan hermoso en el mundo. Lástima que esta empezando a lloviznar, la lluvia arruina todo, así que rogamos que al día siguiente amanezca despejado para ir a Lopes Mendes (una playa preciosa donde se surfa), solamente tengo planeado estar dos días ahí, así que no me puede tocar lluvia.



Cargando las mochilas caminamos unas cuadritas pidiendo indicaciones para llegar al hostel porque el mapa que teníamos no se entendía bien, hasta que un viejo nos indica para dónde ir. Finalmente lo encontramos. Esta buenísimo, nunca vi un hostel tan impecable: colchones con somier, baños de lujo, una cocina gigante, hamacas paraguayas por todos lados, y todo eso por solo $R 20 (en Rio pagaba $R30)
Le preguntamos al recepcionista cómo llegar a Lopes Mendes a la mañana siguiente, porque por las averiguaciones previas que habíamos hecho los dos existen dos maneras: una caminata de 5 horas por un sendero selvático (me aterra pensar que puedo llegar a cruzarme con una víbora) o navegando, pero los precios sugeridos en Internet rondaban los $R70 (o sea, un montón de plata), y nos cuenta que hay lanchitas privadas que te llevan y te pasan a buscar por $R10, así que nos ponemos re contentos, nos ahorramos 10 horas de caminata ida y vuelta. Cada cual se va a su cuarto a darse una buena ducha (primera vez que me baño con agua caliente desde que llegué a Brasil) y bajamos a la villa a buscar alguna almacén donde comprar algo de comida, cerveza, cigarrillos, etc. Cada vez llueve más, así que no recorremos nada, nos metemos en el primer local abierto, que estaba a punto de cerrar, nos aprovisionamos y volvemos al hostel.
Recién en ese momento nos damos cuenta de que en el hostel hay únicamente 5 huéspedes (demasiado poco), y están todos tan aburridos como nosotros dos por la lluvia. En seguida hacemos migas con Jenn (australiana) Rob (francés) y Mette Elkjær (holandesa), cenamos todos juntos, ya es casi medianoche y no hay ningún bar a donde salir, así que nos quedamos en el hostel haciendo, básicamente, nada. Como a las 2 de la madrugada, entre charlas, se acabó la cerveza, y nadie tiene ninguna bebida con la que preparar ningún trago, así que vemos una caja con cartas y fichas de pocker. Mette corre para agarrarlas y las trae, pero de los 5 que éramos, ninguno sabe jugar al pocker… que cosa… a qué podemos jugar? Saben jugar al chin chon? Al qué? Al chin chon, capaz que es un juego argentino… bueno, si quieren les enseño. Bueno…
Así que les enseñé a jugar al chin chon (solamente con menos diez, porque les costó bastante entenderlo, así que no me quiero imaginar si les hubiese querido explicar que se podía cortar pagando) y se hicieron como las 5 am y seguíamos ahí con las cartas, hasta que de a uno nos fuimos yendo a dormir, amargados porque no había parado de llover.
Me despierto antes de las 9 para desayunar, es de no creer que por ese precio nos den tanta comida en el desayuno (pan, jamón, queso, mermeladas varias y manteca, dulce de leche, galletitas de agua y dulces, rellenas, bizcochuelo y 2 tartas de frutas distintas, cereales y 4 sabores de jugos naturales, además de 5 frutas distintas para comer tipo canilla libre… es como un paraíso gastronómico jejeje, como por desgracia está lloviendo, y aparentemente no va a parar de llover por unas horas, así que nos dedicamos a llenar las panzas que habían estado escasas de comida (al menos la mía) por varios días.
Llega el mediodía y sigue lloviendo, garrón total, a alguno de nosotros se le ocurre la brillante idea de mirar el pronóstico extendido en Internet, y nos anuncian lluvia durante 3 días más, así que me resigno a irme de la isla sin conocer Lopes Mendes, porque aunque quisiera ir, con tormenta las lanchas no salen, me agarré una bronca bárbara.
Ya para esta altura, a pesar de ser mediodía, estamos todos medio embolados, así que Jenn agarra un libro y se tira a leer en un puff, entonces me acuerdo que había empacado ‘Bestiario’ del gran Julio, pero que no lo había podido leer en el viaje de ida por la gripe, y en Rio tampoco por falta de tiempo, así que, qué mejor que buscarlo en la mochila y tirarme a leer un rato como para hacer la digestión del desayuno. A pesar de que el primer cuento está de lo más interesante no puedo evitar quedarme dormida, creo que la hamaca era demasiado cómoda. Al rato me despierta Arthur para avisarme que había parado de llover, y que a pesar de que no se pueda navegar hasta Lopes, podríamos aprovechar para ir a conocer el pueblo, así que me lavo la cara y salimos.
El pueblito es hermoso, tiene 10 manzanas, no hay autos, las calles tienen menos de 1 mts de ancho y están adornadas con guirnaldas de banderines de colores. Me encanta, me remite a lo que supongo que deben ser lo pueblitos chiquititos de México, así que lo mas chochos recorremos esas 10 (o 9) manzanas varias veces, encontramos un par de tienditas de regalos con precios bastante accesibles, pero no estamos en plan de shopping todavía, también hay varios lugares para comer baratos, en una esquina vemos una mini heladería, así que nos sentamos a tomar un helado en la vereda como para matar el aburrimiento y al rato aparecen nuestros 3 compañeros de hostel, así que sale una segunda ronda de helados, nos quedamos dando más vueltas, vamos al muelle, merodeamos más y más, hasta que se hace de noche, así que vamos de vuelta al almacén a comprar comida para la cena.




Vemos algunas películas (el hostel tenía una colección de películas pirateadas bastante respetable) sale Pánico y locura en Las Vegas y Blow, porque éramos mayoría femenina, así que lógicamente ganaron las películas de Jonnhy. Nos damos cuenta de que es la 1 am, así que nos vamos a un bolichito estilo rutero que habíamos visto en el pueblo, y tenia un cartelito anunciando música en vivo a la noche.
Llegamos y todavía no había empezado, así que esperamos un rato tranquilos, sentados en una mesita, además de nosotros cinco, en el bar hay otras quince personas, finalmente sale al ‘escenario’ un chico con una guitarra que hizo una tanda de covers de Soda Stereo (que ironía, me voy a Brasil pata escuchar a Soda Stereo… así de loca es la vida) Termina el show con aplausos (yo era una de las pocas que conocía los temas que habían tocado) y decidimos quedarnos en el boliche porque en el hostel no hay mas alcohol, y ese es el único lugar abierto. Cuando cerro, después de las 5, fuimos un rato al muelle y después del amanecer nos volvimos.
En las pocas cuadras de camino de regreso me puse a pensar en como seguir mi viaje. Que hago? Me quedo un día mas a ver si para la lluvia así conozco Lopes Mendes? Generalmente el pronostico en Internet venia acertando bastante bien, así que me convendría darle crédito. No, no me puedo quedar, me quedan solo 5 días de viaje, no los puedo perder en la isla con lluvia, tengo que seguir con el itinerario planeado y volver a Rio para tomar un micro a Buzios, así que me voy a dormir dos horas, me levanto, desayuno, me baño, me despido de esa gente grandiosa, sin la cual la lluvia hubiese sido aburridísima y me voy al muelle a tomar el ferry de vuelta a Angra dos Reis, que sale en 15 minutos. Sigue lloviznando.Continuará...

1 comentarios:
mis tios fueron para la misma época que vos a Brazil...van desde hace como 15 años...y cada vez vuelven más enloquecidos de ahí
carajo, quiero ir!!
después te paso más links, cuchi
Besos (L)
Publicar un comentario en la entrada